El curso de cocina

18 junio, 2018 | | Comentarios desactivados en El curso de cocina

Ya apuntaba maneras cuando coincidimos en la Universidad: nos solía invitar al ático de su casa para que probásemos algunos de sus experimentos culinarios. No puedo decir que me gustase todo lo que preparaba, pero el chaval se lo tomaba muy en serio. Dudaba entre ser cocinero o coctelero, aunque al final siempre decía que terminaría haciendo de todo en su local. Lo que no sabemos es que hacía estudiando Derecho, pero a juzgar por lo poco que iba a clase estaba claro que su futuro no eran las leyes.

Recuerdo que un día bajé con él a la cocina, aunque no le gustaba nada que le vieran allí haciendo sus tejemanejes. Allí me descubrió uno de los platos que luego terminaría en su restaurante. Siempre recuerdo la frase: “pero esto tiene que hacerse con mantequilla central lechera asturiana, no vale otra”. Cuando hoy voy a su local, muchos años después de aquello, todavía me dice que sigue usando muchos de los ingredientes de la cocina de la casa de sus padres.

Un buen día me dijo que estaba organizando encuentros con clientes, una especie de cursos en los que mostraba el interior de su cocina y enseñaba a hacer alguno de sus platos más sencillos. Me invitó a incorporarme. Me sorprendió que ahora no le costase tanto abrir “las extrañas” de su cocina como antaño pero él me aclaró que se lo había recomendado su socio “porque está de moda”, pero que sigue sin gustarle.

Así me apunté uno de sus encuentros con el chef y nos juntamos 8 personas en su restaurante fuera del horario de atención al público para manejarnos con más tranquilidad. Yo oculté que era amigo del cocinero, porque me resultaba un poco embarazoso. Pero luego aproveché para tirarle algunas puyitas como que nada que nos sirvió para echarnos unas risas a posteriori.

Cuando vi la mantequilla central lechera asturiana que tenía en una zona de la cocina le empecé a hacer preguntas sobre cómo había empezado a cocinar, que había leído en no sé qué entrevista que un día intoxicó a un amigo con uno de sus “experimentos”. Por la bajini me maldijo, pero salió como pudo de aquella pregunta. Nos reímos mucho después, pero me invitó amablemente a no volver sus encuentros…



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